8. Intimidad

El mejor de los hombres es semejante al agua,
La cual beneficia a todas las cosas, sin ser contenida por ninguna,
Fluye por lugares que otros desdeñan,
Donde se acerca más deprisa al Tao.

Así, el sabio:
Donde mora, se acerca más deprisa a la tierra,
En el gobierno, se acerca más deprisa al orden,
Hablando, se acerca más deprisa a la verdad,
Haciendo tratos, se acerca más deprisa a los hombres,
Actuando, se acerca más deprisa a la oportunidad,
En el trabajo, se acerca más deprisa a lo competente,
En sentimientos, se acerca más deprisa al corazón;
No lucha, y así permanece libre de culpa.

Lao Tse

Tao Te Ching

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viernes, 13 de mayo de 2011

HAIBUN DEL DÍA VERDE


Se desliza el Hoy sobre el césped. Peina la yerba. A su paso el tapete verde se eriza como lomo de gato cuando lo acarician. Ronronea el viento, mueve las ramas de los árboles como banderas de libertad. La campiña está excitada y el sonido del río atrae a los amantes. Se alejan los sentimientos bárbaros. Está dormido el furor de la sangre, en los diccionarios desaparecen las palabras verdugo y víctima. Es noche. Una boca de labios de plata sonríe, aparecida en lo alto del monte, besa apasionadamente ideas de somnolientos. Todo es paz. Todos sonríen en los lechos como niños. Canciones de cuna abrigan como pecho materno. Se escucha el palpitar de la Vida gestando el próximo día, ¿Qué nombre le pondremos? Si es fogoso será como Marte, si enamorado, como Venus; si oscuro, como Saturno, si luminoso, si y si... y así, pensando, veo que aún no hay un día verde. ¡Qué descuido!

¡Mañana nacerá el día verde! Sí, mañana será ese día y a su bautizo vendrán los elementales y algunos planetas de cuya luz no hay registro. Entre ellos estará su padrino! Ah, la madrina será una hermosa nebulosa! 

¡ya canta el verde!
nacido del amor,
él es Amor

Ana Lucía Montoya Rendón
Mayo 2011
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HAIBUN DE LA NIÑA ROJSA


Sobre una tabla de madera fina tasajan ánimos, acecinan despojos; en misma salmuera marinan el ensueño. Diseccionados proyectos cuelgan sobre el cuello del verdugo, recuerdos de los que en sus manos murieron. Eslabones que tallan.

a golpe de hacha
está el encatandor.
sangre y destino

Sangre y destino brotan hermanados, siameses de la Historia. Vivencias congeladas en las retinas de las sombras, pegadas al paredón para no perder las huellas. Sin entrar al laberinto se siente el vaho del fantasma que lo habita.

de laberintos
las sendas para hollar.
vuelos y vetos

Vuelos y vetos se enfrentan para motilar el pensar del rabadán. Nadie le sigue, no deja de andar en busca de la oveja negra. Esquilado el rebaño queda a la intemperie el deseo sancochado de los que lo quieren en el caldero.

de dientes y hambre
las fauces de la asencia.
es niña rojsa*


ana lucía montoya rendón
mayo 2011
 

*Roja y rosa.
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HAIBUN DE LA MIRADA LERDA


Ojos en el parral de penurias, morados de desconsuelo, racimos de incógnitas.


la rama cruje
trepa por el puntal.
giba de tiempo


Frente al espejo no ríe la tristeza ni en las orillas se moja con el llanto, solo arrastra siluetas con su mirada lerda.


ruedan los ojos
sobre sus horizontes.
luces y sombras


No se mofa de su locura el que la sufre pero sí ríe de la cordura que exhiben los osados.


manto de armiño
el suspiro del día.
retazos lógicos


Abajo está. Oscura, con su lengua ardiente lame ángulos amargos. Creen que ha perdido su luz. La gema que era ha desaparecido. Eclosiona en canicas multicolores. Percusión blanca de espíritus


ana lucía montoya rendón
mayo 2011


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sábado, 30 de abril de 2011

HAIBUN DEL DESCONSUELO

No pensar más y contar los adoquines, mientras por rendijas de la espera escurre la miradas esa sombra. No pensar más. Caminar e ir marcando con sangre el camino recorrido. Contar los adoquines. No pensar y dejarse ir. Silbar al descuido mientras voy buscando recuerdos en bolsillos raídos. No pensar más y aumentar la tarifa de peaje hacia el ensueño. Soñar hasta enloquecer mientras sostengo las naves del portal del infinito. No pensar e ir contando estrellas sin contar la tuya y la mía. Cuidar que no se apaguen los cirios antes de verle la cara al Sol. Humean esas velas y a través de ese humo se conectan mil infiernos.

no pensar más
contar los adoquines
después morir

Mi mente anda de fiesta, loca brinca en el bazar de las ofertas. Alzó la cara, dejó de mirar los adoquines queriendo ver el cielo. Alzó sus ojos para buscar en el entorno la mirada fogosa del día feriado y solo halló el perfil de una mujer vieja que sonrió dulcemente, más su sonrisa, dolorosa mueca, goteaba grises sobre sus mejillas. Mejor verla muerta y no sonriente, coqueteando a las quimeras.

No sonreír, ni pensar. Echarse en cruz sobre los adoquines y darle un beso a alguna huella.

hay unas huellas
sobre la senda izquierda.
velo nocturno

No pensar más. Mejor echar el cerebro en un vaso de cristal azul y darlo a los gnomos para que lo entierren en una cueva cerca del centro de la Tierra. No pensar que hubo un día blanco, mejor ponerse un sombrero de paja amarilla que refleje el desconsuelo que lleva colgado en sus hombros. Vestir falda color violeta, irse hasta el jardín del olvido y obligarse a no pensar que hubo un día en que tuvo dados marcados. O mejor será vestir un reboso negro y dejar que la gente murmure, que digan que no sonríe porque donde tenía el rostro hay una careta.

No pensar, ni cantar, ni volar, solo caer y caer. Hundirse en sí misma. Caminar sobre el cuerpo de la noche y tapar la desnudez de los secretos.

ya no hay jardines
hay canopes sin flores.
careta y silbos

Ana Lucía Montoya Rendón
Abril 2011



miércoles, 20 de abril de 2011

MALASUERTE


“Soy el imán sin polos
el gastado grito
invocando a una muerte
que burlona
me juega a los dados."

Liliana Varela


palabras afines se pelean ambos polos
como adheridas a herradura oxidada
cuya concavidad absorbe las virtudes
y su lado convexo expulsa los anhelos

plomiza la mirada taladra las espaldas
escurrida la suerte por rendijas negras
bate con la izquierda los malditos dados
dolida su diestra entrega sus haberes

mellen las aristas de todos los mandatos
y ajusten la soga en el cuello del demonio
deslicen su infortunio en crudos estertores
"Malasuerte" era el nombre del finado
sol invertido habitante de penumbras
vague por siempre sobre un mapa oscuro
ante la delación de las tardes que no existen

ana lucía montoya rendón
abril 2011

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viernes, 11 de marzo de 2011

TSUNAMI

TSUNAMI
(Gobierno Interno del Mundo)

siempre pariendo...
colapsada su cadera
—virgen por siglos—
hoy, Eterna Primeriza

en su vientre cocidos* Tiempo y piel
flota el alma sobre las acciones
mientras el ojo magnifica la Historia

lágrima ensanchada sobre plantas nucleares
huellas de dolor
coctel de sangre de todas las especies

cóncavo o convexo
distorsiona el espejo las imágenes
los hijos se miran desalmados
en este infinito parto de fuego y agua
con estertores que al Útero mutilan

La Madre puja
gime
llora
sus espasmos —olas de muerte—
lamen el vientre de la Tierra

aúlla la Voz:
¡oidme!
vuestro aprendizaje será de sangre y llanto
al amanecer del Nuevo Día no habrá cuerpos
Él en cada Ser hará morada
y su sonrisa maquillará la cara del paisaje

ana lucía montoya rendón
marzo 11 de 2011

viernes, 28 de enero de 2011

MI GRITO



"...y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo
- y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza”
El Grito.
Eduard Munch

voz como cuchilla
hasta el alma en canal abrió mi soledad
clavado en mí su grito

diluidas ideas del perchero caen
y desnuda no me atrevo dar el paso
mis pensamientos de sombrero
y mis deseos a las caderas de la noche atados
una camisa de fuego pálpitos ataja
y mis pies calzando fierros siembran pasos oxidados
en surcos malditos la simiente muere

horizonte azul escapa de mí
no grito más
aúllo de impotencia pero ya no existe eco
hace poco días asistí a su sepelio

ana lucía montoya rendón
enero 2011

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sábado, 4 de diciembre de 2010

BORRÓN Y CUENTO NUEVO


Hablar y hablar. Proponer, explicarse muchos temas. Aplazar hasta el final de los tiempos. Quizás hasta que esa barba le haya crecido tanto como para tejer todos los trajes que necesitan millones de pobres en el mundo o hasta lograr el  apaciguamiento de los violentos que existen y de los que iban a nacer.


Ya le dije lo que usted quería saber. No tiene por qué empujarme. No. No me maltrate. Escúcheme y, después de oírme, si le place, degüélleme, empáqueme al vacío y envíeme hacia los confines de todos los mundos como carta de derechos humanos o de abusos humanos, como le de la real gana, qué más da, para lo que vale lo que llevo en mi fardo ¿Le ha ocurrido alguna vez un olvido como el mío? ¿No? ¿Seguro que nunca se ha enfrentado a algo como eso? Por la suficiencia que se le asoma por los ribetes de su engreimiento noto en usted... me doy cuenta que ha sido... que es en realidad un ser privilegiado. Le voy a contar qué cosas y qué personas han hecho de mi un ser ecuánime. Sí, e-cu-á-ni-me, ecuáaaa-ni-meee. ¿No entiende lo que es ser ecuánime? Eso también se lo voy a explicar cuando me permita relatarle el porqué de mi olvido. No frunza el entrecejo ni sonría que la cosa va en serio. Ya le dije no me empuje, también le dije que le explicaré el origen de mi ecuanimidad aunque por la expresión que le observo, ese mirarse las uñas, repasarlas, cada una con las de la otra mano, me deja ver que es narcisista, que si no tiene espejo de agua o de cristal se mira a sí mismo en cada parte de usted y no presta atención a nada que no sea usted mismo. ¿Qué? ¿Tampoco sabe lo que es ser narcisista? No pues. Otra que le agrego a la lista de temas que desplegaré cuando deje de empujarme y de joder con esa sobadera de uñas. Si, cada vez que se las limpia, estimula en sí mismo el prurito de una limpieza fóbica. Sí, eso en una enfermedad. ¿Qué? Me dice que es sano en toda la extensión de la palabra? Qué monotemático es usted —si quisiera le diría a este man qué pobre es usted , pero mejor dejemos los santos quietos— porque se le notan muchos males con solo mirarlo de refilón. Sí, de refilón. No me venga con el cuento que tampoco sabe el significado de fóbico. ¿Cómo? Tampoco sabe qué es mirar de refilón? No, así si estamos fritos. Me empuja, me maltrata, me agobia, me castiga, me... Me mamé de su idiotez. Me harté de ese desenfado que tienen todos los que son como usted. ¿Que no sabe de qué le hablo? Usted si es la tapa del congolo. No, no lo sabrá nunca, no podré explicarle cómo hemos llegado a este punto, porque tristemente acaba de morir como idea principal. Es usted un nonato, un feto triste, un cuento abortado. Sí, muer-ti-to, borrado de la página que estaba escribiendo cuando se me ocurrió que seres como usted pululan por la faz de la tierra como verdadera pandemia y que el borrarlo de este papel me genera un sabor dulce, como ilusión de desaparecer de un manotazo a esa plaga de orates.


Ana Lucía Montoya Rendón
diciembre 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

EMPAREDADA (Cuento)




Eran muchos. Todos vestidos de blanco. Dijeron debía olvidar todo concepto de ensoñaciones, de ideas y planes. Exigieron no elaborar proyectos porque era innecesario esmerarse en crear mundos nuevos, había que dejar correr el agua. Dejarla ir cima abajo. Quedarse viéndola caer sobre el valle como velo de novia. Saberla deslizándose sobre una superficie que aunque rugosa, se dejaba vencer por el ímpetu del alma de los líquidos. Así con el poder del agua se han disuelto las noches y con ellas la necesidad de sentir el sereno. Campo arrasado la capacidad de ser. Sí, ese día sabía que algo de su entorno había cambiado. Las sensaciones de temperatura y de color no aparecieron más. Solo veía desfilar ante sus ojos un proceso acelerado de pérdida. Todo lo que se movía se hizo parte del mobiliario, quedó fijo como una fotografía, solo que estaba en 3D y el tono sepia le hablada de la muerte acercándose en picada sobre ella y sobre sus anhelos. En la habitación estaban el soporte para las bolsas de suero, la silla para el visitante, la mesa de comedor, el tarro para la ropa sucia, las canecas para la basura regular, el pote rojo para la basura de riesgo, la cama enfermera, una mesa de noche, un teléfono, un televisor, el cuarto de baño, las bolsas de los fluidos de la orina expulsada por la uretra y del drene sangroso del riñón derecho. Viendo eso, dio un portazo y se largó, o flotó. Ni supo.
—¿Sabe qué se siente cuando la vida queda congelada entre dos mundos? — preguntó con voz cansada mirando a través de la ventana las pintas de rojos, amarillos, verdes y ocres de los árboles, entreveradas con el concreto de los bloques de edificios que conformaban el sanatorio. Su pregunta era más una reflexión que un comunicado. No quería respuesta alguna, solo hablar, susurrar.


Así, congelada, pedazo de carne entre dos rebanadas de pan; era ella el relleno de un sánduche de realidades y sueños, imagen y alma de la que se miraba en el espejo todos los días para depilarse las cejas. Mundo rígido de tonos tristes y silencios, donde había muerto hacia varias décadas y otro, paralelo, que se movía entre los colores de la vida radiante y la algarabía dentro de sí misma. Hoy, justo hoy, dicen de ella, —la que fue—, por la que se reza un novenario y, sin descanso, toman muchas tisanas y tazas de café. No quiso volver a hablar por un buen rato. Estaba sumergida en una montaña de olvidos. Ese punto de fuga se había vuelto su tabla de salvación y la llevaba a guardar como una joya lo poco que de ella  había quedado. ¿Dónde hallar la convergencia? ¿Dónde coincidir? ¿Dónde encontrar ese punto "cero" que todos saben existe pero que tantos ignoran, ¿dónde está? Esa fusión de mundos la dejaba flotando entre ser y no ser, viviendo entre lo tangible y lo sutil, entre la alegría y la nostalgia, entre el amor y el odio, entre el infierno y el cielo. Hubiese querido quedarse en ese punto muerto, sin tener que ir a una fosa. Quedarse en ese lugar donde no importa la piel ni los sentimientos, mucho menos la abstracción de las ideas, ni ser lógico o iluso. Desde esa apertura de la mente sabía que podía lanzarse al vacío y viajar al infinito de dónde nunca debió venir.

¿Sabe? — preguntó de nuevo — ¿Quiere saber usted cómo he sobrevivido en este emparedado? Pues fíjese, sólo me he enterado que vivía así cuando empecé a sentir que hacían cortes a mi pobre ego. La primera dentellada alcanzó a mutilar mi cabeza y me despertó a una dulce inconsciencia. Así, como entre brumas supe que congelaban mi ser y lo envolvían en un sopor delirante. Allí, en ese punto, se me despertó el ansia de caer, de despeñarme, de corresponder a las tinieblas que me engullían y que vertiginosamente me llevaban hasta un lugar donde todos vivían de igual manera, donde todos éramos hibernantes.

—Señor, mire allí; alguien abrió el refrigerador. Adentro hay una cabeza destrozada como si la persona dueña de ella hubiese muerto por impacto. Se ve que ha sido recogida con cuchara para armarla de nuevo y así saber la identidad del muerto, recogieron esos restos como recogen los de las muñecas de porcelana cuando se rompen. ¿Ve y escucha cómo chorrea todo lo que ha discurrido por la mente de su dueño? —Parezco una excreta, ¡me he vuelto mierda!—, fue el último pensamiento que pasó por esa mente.

Ana Lucía Montoya Rendón
Noviembre 2010