8. Intimidad

El mejor de los hombres es semejante al agua,
La cual beneficia a todas las cosas, sin ser contenida por ninguna,
Fluye por lugares que otros desdeñan,
Donde se acerca más deprisa al Tao.

Así, el sabio:
Donde mora, se acerca más deprisa a la tierra,
En el gobierno, se acerca más deprisa al orden,
Hablando, se acerca más deprisa a la verdad,
Haciendo tratos, se acerca más deprisa a los hombres,
Actuando, se acerca más deprisa a la oportunidad,
En el trabajo, se acerca más deprisa a lo competente,
En sentimientos, se acerca más deprisa al corazón;
No lucha, y así permanece libre de culpa.

Lao Tse

Tao Te Ching

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lunes, 3 de junio de 2013

VERSOS SUELTOS



en silencio corren los días

caminan en puntitas las esperas

se maquillan en silencio las noches

suspiran por estocar a las quimeras 


ana lucía montoya rendón
mayo 2011
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miércoles, 10 de agosto de 2011

MUERTE DEL MAESTRO

1.

En la bóveda de una capilla y sobre un andamio a veinte metros con setenta centímetros del suelo, en un solo cuadrante traza muchas líneas para generar la chispa vital. Y sueña. Sueña con tonalidades que van desde la luz pura hasta el negro abisal. No logra insuflar aliento en los tres cuartos restantes. Está doblegado ante la fuerza de una obra que late de dolor y sabe quedará inconclusa en medio de la larga noche del tiempo. No ve más los colores ni puede manejar su mano, menos generar la soñada flama. Cae desde el andamio antes de exhibir toda la potencia creativa de su ser. Sobre su cuerpo caen los pinceles y los potes de pinturas. Está allí, desparramado como un conjunto de locas ideas. La gente curiosa solo ve en el suelo una flor gigante de múltiples colores y perciben su aroma.

2.

No reconocieron al maestro ni su magia. Nadie entendió que al morir podría transmutarse en Luz. No era un ser cualquiera ése que fijó su mirada sobre las virtudes de la Naturaleza. Cayó desde la altura de su obra cuando soñaba con la Creación, él quien se opuso al juicio de los inquisidores que consideraban incitación al pecado la expresión de la belleza desnuda, quien permitió se solazaran en su mente ángeles y demonios y le susurraran líneas y colores, luces y sombras, le dejaran ver a través de los entrecejos de las sibilas la hermosura de los efebos y le indicaran también el perfil sagrado de los profetas. Solo así pudo establecer en lo más alto de sus ideales esa obra magna al gusto y deseo de Don Julio.

Ana Lucía Montoya rendón
Agosto 2011

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martes, 17 de mayo de 2011

AFÓNICO AROMA DE PAN






las ideas entre columnas de la Historia
esperan ver dónde se fracturan las conciencias
ante llantos madrugados en ojeras de los niños

en frenético vaivén bailan rondas sus moqueos y dientes de leche
y sus sonrientes caras sucias…
sus ilusiones como de sueños en panaderías de cristal
pasean aromas de pan caliente por sus vientres
tomados de manos fantasmas que les hablan de ternura
y saborean sus labios desteñidos un bocado afónico
ante la estupidez amarga de versos como éstos
¿qué aporta a los niños mi voz si en su diccionario la comida no existe?
¿si solo pongo en sus vientres mi magro y soso canto?

algún día llenen de aire nutricio —ardiente— el fuelle de sus pechos
y por fin escuchemos sus gritos libertarios:
¡por favor, llena mis manos de pan seco, al menos dame un pedazo!
ana lucía montoya rendón
mayo 2011


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viernes, 13 de mayo de 2011

HAIBUN DEL DÍA VERDE


Se desliza el Hoy sobre el césped. Peina la yerba. A su paso el tapete verde se eriza como lomo de gato cuando lo acarician. Ronronea el viento, mueve las ramas de los árboles como banderas de libertad. La campiña está excitada y el sonido del río atrae a los amantes. Se alejan los sentimientos bárbaros. Está dormido el furor de la sangre, en los diccionarios desaparecen las palabras verdugo y víctima. Es noche. Una boca de labios de plata sonríe, aparecida en lo alto del monte, besa apasionadamente ideas de somnolientos. Todo es paz. Todos sonríen en los lechos como niños. Canciones de cuna abrigan como pecho materno. Se escucha el palpitar de la Vida gestando el próximo día, ¿Qué nombre le pondremos? Si es fogoso será como Marte, si enamorado, como Venus; si oscuro, como Saturno, si luminoso, si y si... y así, pensando, veo que aún no hay un día verde. ¡Qué descuido!

¡Mañana nacerá el día verde! Sí, mañana será ese día y a su bautizo vendrán los elementales y algunos planetas de cuya luz no hay registro. Entre ellos estará su padrino! Ah, la madrina será una hermosa nebulosa! 

¡ya canta el verde!
nacido del amor,
él es Amor

Ana Lucía Montoya Rendón
Mayo 2011
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HAIBUN DE LA MIRADA LERDA


Ojos en el parral de penurias, morados de desconsuelo, racimos de incógnitas.


la rama cruje
trepa por el puntal.
giba de tiempo


Frente al espejo no ríe la tristeza ni en las orillas se moja con el llanto, solo arrastra siluetas con su mirada lerda.


ruedan los ojos
sobre sus horizontes.
luces y sombras


No se mofa de su locura el que la sufre pero sí ríe de la cordura que exhiben los osados.


manto de armiño
el suspiro del día.
retazos lógicos


Abajo está. Oscura, con su lengua ardiente lame ángulos amargos. Creen que ha perdido su luz. La gema que era ha desaparecido. Eclosiona en canicas multicolores. Percusión blanca de espíritus


ana lucía montoya rendón
mayo 2011


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sábado, 30 de abril de 2011

HAIBUN DEL DESCONSUELO

No pensar más y contar los adoquines, mientras por rendijas de la espera escurre la miradas esa sombra. No pensar más. Caminar e ir marcando con sangre el camino recorrido. Contar los adoquines. No pensar y dejarse ir. Silbar al descuido mientras voy buscando recuerdos en bolsillos raídos. No pensar más y aumentar la tarifa de peaje hacia el ensueño. Soñar hasta enloquecer mientras sostengo las naves del portal del infinito. No pensar e ir contando estrellas sin contar la tuya y la mía. Cuidar que no se apaguen los cirios antes de verle la cara al Sol. Humean esas velas y a través de ese humo se conectan mil infiernos.

no pensar más
contar los adoquines
después morir

Mi mente anda de fiesta, loca brinca en el bazar de las ofertas. Alzó la cara, dejó de mirar los adoquines queriendo ver el cielo. Alzó sus ojos para buscar en el entorno la mirada fogosa del día feriado y solo halló el perfil de una mujer vieja que sonrió dulcemente, más su sonrisa, dolorosa mueca, goteaba grises sobre sus mejillas. Mejor verla muerta y no sonriente, coqueteando a las quimeras.

No sonreír, ni pensar. Echarse en cruz sobre los adoquines y darle un beso a alguna huella.

hay unas huellas
sobre la senda izquierda.
velo nocturno

No pensar más. Mejor echar el cerebro en un vaso de cristal azul y darlo a los gnomos para que lo entierren en una cueva cerca del centro de la Tierra. No pensar que hubo un día blanco, mejor ponerse un sombrero de paja amarilla que refleje el desconsuelo que lleva colgado en sus hombros. Vestir falda color violeta, irse hasta el jardín del olvido y obligarse a no pensar que hubo un día en que tuvo dados marcados. O mejor será vestir un reboso negro y dejar que la gente murmure, que digan que no sonríe porque donde tenía el rostro hay una careta.

No pensar, ni cantar, ni volar, solo caer y caer. Hundirse en sí misma. Caminar sobre el cuerpo de la noche y tapar la desnudez de los secretos.

ya no hay jardines
hay canopes sin flores.
careta y silbos

Ana Lucía Montoya Rendón
Abril 2011